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Coaching personal y ejecutivo - Inteligencia Emocional.

Excelencia Vs. exigencia

por Pablo Villanueva | Ago 27, 2023 | Cursos Coaching

Javier Carbajal – miembro de 5C ASOCIADOS. Coach Profesional Certificado Nº10561 ASESCO. Máster Coaching Personal y Ejecutivo por la UIB. Experto en Inteligencia Emocional por la UIB. Practitioner en PNL por IPH. Certificado por AECOP. Finalizando Grado en Antropología Social y Cultural.

Me gusta pasar unos días al año de mis vacaciones, haciendo en el Camino de Santiago. Me he encontrado en estos últimos 10 años múltiples motivaciones en las personas con las que he tenido el placer de compartir unos minutos, y en ocasiones horas o días, caminando en la misma dirección. A veces las motivaciones son el deporte, otras el disfrute de la naturaleza, otras dedicarse unos días a escucharse sin las distracciones cotidianas, y algunos buscando conectar con su espiritualidad. Con el paso de los días, cuando llevas caminando en diferentes etapas más de 100km, la disposición del cuerpo y de la mente ante el reto de llegar al siguiente albergue, en mi caso ha ido cambiando (y de año en año más aún). En los primeros días, la exigencia de querer llegar, de no perder el tiempo en exceso en las paradas, me ha hecho no disfrutar del camino. El foco sólo estaba puesto en la meta, en llegar a un albergue a dormir. Con el paso de los días he ido aprendiendo a que la meta se puede renegociar, y si no llego al albergue del pueblo propuesto, siempre puedo buscar nuevas elecciones y ser flexible conmigo mismo. También puedo disfrutar de un río metiendo los pies en el agua sin prisa, o reducir mi ritmo, adaptándome al paso de un peregrino jubilado de casi setenta años mientras disfruto de escuchar y aprender del compartir de sus anécdotas y experiencias de vida, la verdad, un auténtico regalo conversaciones con tanta sabiduría.

En este post quería que reflexionáramos juntos sobre la excelencia y la exigencia. Parecen conceptos similares, pero tienen una connotación muy diferente en la forma de relacionarnos con nosotros mismos y con el entorno. Y de vivir.

Definimos la excelencia como la dedicación y atención por hacer las cosas o tareas lo mejor posible, poniendo en juego nuestras capacidades, aprendiendo de la propia experiencia, disfrutando de lo que hacemos, donde desde la creatividad se abre un mundo de posibilidades para seguir avanzando. Todo ello se traduce en un aprendizaje vital y con él, un crecimiento personal. Dan Millman en su libro El Guerrero Pacífico dice: “conocimiento no equivale a sabiduría”.

La exigencia es un camino muy diferente. La persona que vive las acciones desde la exigencia no disfruta con hacer las cosas haciéndolas lo mejor posible, sino perfectas, esa perfección a la que… nunca llegamos. Vivimos el fracaso como un error, no como un posible aprendizaje. El camino de la exigencia está inundado de autorreproches y de sufrimiento: “me podía haber esforzado más”, “podría haberlo hecho mejor”. Desde esta disposición nos hacemos sentirnos insatisfechos, frustrados y anhelantes.

Siguiendo con la metáfora del Camino de Santiago. Piensa por un momento que te planteas hacer esta peregrinación caminando etapa tras etapa desde Roncesvalles a Santiago de Compostela. Son 787km a recorrer en 33 etapas de unos 24 km al día. En tu espalda vas a portar una mochila con las cosas imprescindibles, ropa de cambio, saco de dormir, neceser, etc., aproximadamente entre 7 a 9 kg a tus espaldas. Con esta previsión, unos meses antes, comienzas tu Camino con la preparación física porque sientes que necesitas fortalecer tus piernas. Recuerdas en las ocasiones que has acudido al gimnasio, que “la sentadilla” era un ejercicio que servía para tal fin, así que te dispones a comenzar tu entrenamiento. ¿Cuántas sentadillas haces el primer día? La disposición desde la excelencia o la exigencia te hacen vivir un resultado muy diferente. Puedes reventarte a hacer sentadillas el primer día y pasar una semana de obligado descanso con unas agujetas que te impiden caminar con normalidad, sino más bien como un robot. O puedes escuchar a tu cuerpo, hacer las que sientas que tus músculos no se resienten para el primer día e ir aumentando de forma progresiva el proceso, aprendiendo de la escucha y marcándote objetivos asumibles y con cierta progresión, buscando la excelencia en la autosuperación. Si tu opción fue la de la exigencia, con las piernas bloqueadas por las agujetas, puedes poner atención  a tus pensamientos, ¿Son motivadores?, ¿O son destructivos?: “el Camino de Santiago no es para mí, me voy de vacaciones a tumbarme a un Resort con un todo incluido en el Caribe». En cambio, si tu alternativa fue la excelencia, ¿cómo son tus pensamientos?: “siento que voy avanzando”, “cada día me siento más fuerte”, “me siento bien”, “creo que si mantengo mi compromiso llegaré preparado al Camino de Santiago”.

En el camino de la excelencia se acompaña del bienestar, la satisfacción y la alegría que produce la posibilidad de crear, del aprendizaje, la ilusión y motivación por el reto, se apoya en el compromiso y la proactividad, el camino en sí se hace más importante que la meta.  En el camino de la exigencia sin embargo todo el beneficio queda postergado al momento en que se cumpla la meta propuesta: llegar a la Plaza del Obradoiro en Santiago de Compostela. Pero esta idea es un autoengaño porque finalmente cuando se alcanza, no se experimenta ningún bienestar, y rápidamente se pone el foco en nuevo objetivo, en el comenzar de nuevo la lucha. De aquí nace una constante competitividad, sensación de vacío interior, desmotivación, necesidad de control, miedo a probar cosas nuevas e inmovilidad o bloqueo, desde esta disposición vital ante las circunstancias las persona siente que “soy lo que hago” y si lo que hago no cumple con las expectativas que me planteo: “no valgo”, “no soy digno”, “no lo merezco”. Peligroso juego para la autoestima.

Creo que todos en algún momento hemos vivido experiencias vitales desde un planteamiento desde la exigencia o desde la excelencia, ambas dos tienen una consecuencias en nuestra autoestima y en la relación con las personas que nos rodean, mi única pretensión con este post es que tomes conciencia, que te permitas la posibilidad de escucharte y reflexionar para poder elegir. A mí me sirvió para tomar conciencia de todo esto el primer Taller de Inteligencia Emocional (IE1) que cursé junto a Paco Yuste (mi mentor, a quien guardo un cariño muy especial). Fue un espacio de 4 días en los que escucharme, comprenderme y poder reflexionar sobre mí mismo. La verdad estoy muy agradecido por aquellos días y las reflexiones de los días posteriores. Aunque, como me comentó Paco al final del taller, el verdadero taller comienza cuando vuelves a tu entorno habitual con las situaciones que habitualmente te acontecen. A partir de ahí entre otras muchas reflexiones pude elegir desde donde afrontar las situaciones: desde la exigencia o desde la excelencia.

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