5C Asociados

Coaching personal y ejecutivo - Inteligencia Emocional.

Forjando hábitos

por Pablo Villanueva | Mar 15, 2023 | Coaching, Inteligencia Emocional

Beatriz Ramiro – Miembro de 5C ASOCIADOS. Fundadora de Beatriz Ramiro Desarrollo del Talento. Coach Profesional Sénior ASESCO (CPS 10.475) y Coach Profesional Ejecutivo Certificado AECOP (CP 173). Coach en ejercicio continuado desde 2013.

Últimamente, no sé si será casualidad, me encuentro con muchas personas que me dicen que no tienen fuerza de voluntad, y que les gustaría que ésta fuera más fuerte. Piden, como es habitual, “la fórmula mágica”: algo que puedan hacer, sin esfuerzo, que les proporcione los resultados que quieren.  Yo siempre contesto lo mismo: “Si existiera esa fórmula mágica, ya la conoceríamos y la estaríamos utilizando”. Quizá no exista esa fórmula, pero sí podemos trabajar en nuestra fuerza de voluntad. ¿Cómo? Incorporando hábitos sencillos.

Un hábito no es más que un modo frecuente o repetido de hacer o pensar. Esta repetición hace que, ante situaciones similares a otras vividas en el pasado, reacciones de forma similar y de manera automática.

¿Cuál es el beneficio de tener un hábito? Que economiza energía. Por ejemplo: ¿alguna vez habéis hecho un simulacro de incendio en tu trabajo? La sensación general es que el día que realmente haya un incendio, saldréis todos “por patas”… ¡ya verás cómo entonces no hay que motivarte para correr! Si quisiéramos realmente que todo el mundo saliera de un modo determinado, ordenados, sin pánico etc., lo que habría que hacer es simulacros de forma repetida hasta que el proceso estuviera automatizado. Otro ejemplo: ¿Conduces? ¿Recuerdas la primera vez que condujiste? Te parecía imposible embragar, cambiar la marcha, mirar por el retrovisor, girar el volante… ¡y todo a la vez! ¡Y como encima a tu copiloto se le ocurriera poner música, ya estabas tú ahí gritándole porque te desconcentraba! Estabas dedicando una cantidad enorme de energía en esa acción. Con el tiempo y tras conducir un día, y otro día, y otro día, y otro más, ahora eres capaz de hacer todo lo anterior, más enviar algún whatsapp rápido (ay, ay, ay…), más medio girarte para amenazar a los niños que van sentados detrás con castigarles si no dejan de pelearse, más pensar en el email que vas a enviar al llegar al trabajo, más pensar en la partida de mus de anoche con los amigotes… ¡y mil cosas más! ¿Por qué? Porque la conducción ya está automatizada y no necesitas pensar en ello para poder hacerlo. Esta es la diferencia entre ser EFICAZ y ser EFICIENTE: la cantidad de energía que requiere de ti.

¿Cuál es entonces el proceso para crear un hábito? Pues hay dos formas: una es por intensidad y otra por repetición. Un ejemplo de la primera forma: un día el niño se quema con el horno, o mete los dedos en el enchufe. Ya está, ¡hábito creado! Verás cómo a partir de ahora no le tienes que repetir que no toque el horno y se pone a dar rodeos antes de tener que pasar cerca de él… Con una única vez, pero con una intensidad emocional alta, ha cogido el hábito de no tocar el horno porque sabe que quema (esté encendido ahora o no…).

La forma que a nosotros nos interesa es por repetición. Hay quien dice que son 21 días seguidos y quien apuesta por los 30 días. Obsérvate tú a ti, a ver cuándo ves que ya te sale sin pensar… Es importante que el intervalo en la frecuencia de la repetición sea corto – vamos, que lo que tengas que hacer, lo hagas una vez al día, o al menos día sí, día no. La acción debe ser consciente y gradual, lo que significa que debes repetir lo mismo de forma uniforme, sin añadir elementos nuevos hasta que los anteriores estén totalmente incorporados (si quieres correr, ve subiendo el tiempo minuto a minuto, no media hora de golpe). Lo ideal, de hecho, es que lo hagas en el mismo sitio y a la misma hora. Suena a obvio, pero es importante: el interés que tengas en llevar a cabo la acción es fundamental. Si no te interesa… ¡pues búscate otro hábito! Y por último, te propongo una pregunta: ¿Cómo te sentirás una vez tengas este hábito instaurado? Si te motiva la respuesta, habrá lugar para el cambio – si no, puede ser que no vayas a tener sentimiento de éxito…

A mi me gusta mucho un autor llamado Charles Duhigg. En su libro “El poder de los hábitos” explica que es más fácil instaurar un nuevo hábito si sigues el patrón SEÑAL – RUTINA – RECOMPENSA. ¿Qué significa eso? Imagina que quieres que tu hijo/a adquiera el hábito de cepillarse los dientes cada noche. Es tremendamente útil que le pidas que lo haga siempre después de haber hecho otra cosa que vaya a hacer sí o sí. Por ejemplo: “Terminas de cenar y vas inmediatamente a lavarte los dientes”. Así, asociará ambos movimientos y no se le olvidará. Terminar de cenar es la SEÑAL. Los movimientos que hace para lavarse los dientes es la RUTINA. El beneficio que obtiene al lavárselos es la RECOMPENSA, que puede ser, sencillamente, el sabor a chicle de fresa de su pasta de dientes. Si un día le dices después de cenar “venga, a lavar los dientes” y lo hace – otro día te dice que está terminando sus dibujos y permites que acabe el episodio antes de ir a lavárselos – otro día al terminar de cenar te dice que antes de lavárselos debe terminar sus deberes – y otro día venís de un cuempleaños y “se lo perdonas” … va a ser muy difícil que adquiera ese hábito. Sin embargo, si por norma termina de cenar y va inmediatamente después a cepillarse los dientes, lo recordará y le saldrá automáticamente, tras 3 semanas haciéndolo de manera habitual. Así que, movimientos sencillos, automatizados, siempre después de algo que vayas a hacer sí o sí. Si yo pienso en los movimientos que hago al entrar en el coche, siempre son clavados: abro la puerta, me siento y meto la pierna derecha, dejo el bolso en el asiento del copiloto (haya o no alguien sentado en él…), meto la pierna izquierda, cierro la puerta, giro la llave a la mitad, me pongo el cinturón, y termino de girar la llave para arrancar el coche. ¿Por qué giro la llave solo a la mitad? Porque antiguamente tenía un coche Diesel, y me explicaron que debía calentar y apagarse el testigo del muelle antes de arrancar. Ahora ya no tengo coche Diesel, así que ese paso ya no tiene sentido… y, sin embargo, lo sigo haciendo porque mis movimientos están automatizados… Pues se trata de hacer esto, de forma consciente.

Y entonces, ¿qué tiene esto que ver con la fuerza de voluntad? Cada hábito es como un alambre – si es fino y está solo, es fácil que alguien pueda cogerlo y doblarlo. Sin embargo, si a ese hábito saludable para mi le uno otro, y después otro, y después otro… y éstos se entremezclan entre sí… en lugar de un alambre, tendré un cable grueso – si alguien de fuera viniera y quisiera doblarlo, ya no le sería tan fácil, ¿verdad? Ya no podría doblegar mi fuerza de voluntad.

Así que mi sugerencia es: piensa en qué hábitos saludables “para ti y para quienes te rodean” quieres incorporar. Proponte pasos sencillos que sigan el ritual SEÑAL – RUTINA – RECOMPENSA, ¡y a por ello! No olvides chequear que sea bueno también para quienes te rodean… Desde 5C Asociados, escuela de Coaching humanista, llamamos a eso ecología del hábito, y es algo que no podemos olvidar esto.

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